La princesa prometida

Hoy no me apetece hablaros de una película de estreno, más bien tengo ganas de traer una historia que la mayoría de nosotros vimos de niños y aunque sea algo infantil, creo que ha trascendido lo suficiente como para que podamos disfrutar de ella incluso como adultos.

La historia tiene todos los elementos que debe tener una historia de fantasía con los dos protagonistas que deben superar grandes adversidades para estar juntos, secundarios entrañables llenos de humor, un malo algo absurdo y un plan sin pies ni cabeza.

Así conoceremos las historia de cómo Westley, el granjero que llegó a convertirse en el pirata más temido de los océanos o de cómo la mujer más hermosa del reino no fue capaz de dejar de amar al mismo pobre muchacho del que se había enamorado incluso después de enterarse de que él había muerto.

Tal vez en la película, Buttercup parece un poco frívola pero en el libro si que le dan una explicación más o menos coherente al hecho de que termine convertida en la prometida del príncipe Humperdinck.

Iñigo, el maestro espadachín que va buscando venganza por la muerte de su padre y Fezzik, un pobre gigante que solo quiere ser aceptado son unos magníficos personajes que acabarán uniéndose a los protagonistas para ayudarles y de paso, cumplir sus propósitos.

¿Os acordáis del momento en el que el enmascarado e Iñigo charlan antes de la lucha a muerte? Ese extraño momento en el que a pesar de ser enemigos llegan a confraternizar y demostrarse confianza el uno en el otro.

Todos los personajes se basan en fuertes convicciones de honor, lealtad y valentía, sin importar la situación en la que se encuentren.

Otra cosa que me gustó mucho es la actitud de Westley donde ninguna situación, por imposible que resultase, parecía significar algo mayor que una molestia para él.

Esa actitud de saber lo que quiere aunque desconozca cómo va a conseguirlo porque, simplemente, no dejará de luchar por lo que quiere conseguir.

No nos olvidemos del resto de personajes secundarios, siempre haciendo comentarios ingeniosos y absurdamente graciosos que perfectamente podrían haber salido de una escena de una película de los Monty Python.

Sin duda es una película que merece la pena recordar con nostalgia y que pide volver a verla de vez en cuando.

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